Eclipses de Luna

Cada luna llena, y lo cerca que pasa de la sombra

La Tierra arrastra siempre una sombra enorme en dirección contraria al Sol, y cada luna llena la Luna pasa por esa zona del cielo. Casi siempre pasa de largo, por encima o por debajo, porque su órbita está inclinada cinco grados respecto a la nuestra. Solo cuando el plenilunio coincide con uno de los dos puntos en que las dos órbitas se cortan —los nodos— la Luna entra en la sombra y hay eclipse.

La sombra tiene dos partes, y por eso en esta tira hay cuatro líneas y no dos. La exterior es la penumbra: ahí dentro el Sol se ve a medias, tapado en parte por la Tierra, y la Luna solo se apaga un poco. La interior es la umbra: ahí el Sol queda tapado del todo y a la Luna solo le llega la luz que se cuela por nuestra atmósfera, roja, que es de donde viene su color cobrizo.

De eso salen los tres tipos, y se leen en el dibujo sin que nadie los explique: si la luna toca la franja exterior es un eclipse penumbral; si le entra un mordisco de la interior, parcial; y si cabe entera dentro de la interior, total. Como el círculo se dibuja con el tamaño aparente real de la Luna y las franjas con el de las dos sombras, el dibujo está a escala y basta con mirarlo. Se recorre de lado, y al tocar una luna salen sus datos.

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Penumbral Parcial Total Luna bajo el horizonte

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Cuándo se nota un penumbral. La penumbra no es una sombra con borde, es un degradado: en su orilla de fuera la Tierra no tapa nada del Sol y en la de dentro lo tapa entero, así que la Luna no se apaga de golpe, se va apagando según entra. Y el ojo es malisímo juzgando brillos: lo que capta no es que la Luna luzca menos, sino que un borde se vea más gris que el otro. Por eso, con el porcentaje de arriba en la mano: por debajo del 70 % no hay nada que ver ni sabiéndolo; entre el 70 y el 90 % se adivina un tono grisáceo en el borde que mira a la umbra; y por encima del 90 % se ve bien, como si ese lado estuviera sucio. Una cámara, en cambio, lo delata mucho antes: dos fotos con la misma exposición, una antes y otra durante, y se ve.

Este sí lo ve medio mundo a la vez

Un eclipse de Luna no se parece en nada a uno de Sol en esto: no depende de dónde estés. La Luna se mete de verdad en la sombra de la Tierra, y eso ocurre a la vez y por igual para todo el planeta. Lo único local es la hora: si a esa hora tienes la Luna sobre el horizonte lo ves entero, y si la tienes debajo no ves nada. Por eso las lunas grises de la tira no son eclipses pequeños ni dudosos —son eclipses de libro que aquí caen de día—, y por eso un eclipse de Luna dura horas y uno de Sol, minutos.

Los penumbrales son los parientes pobres: la Luna se apaga un poco por un lado y, si no te avisan, no lo notas. Los parciales se ven de sobra, con un mordisco oscuro de borde curvo —la sombra de la Tierra, que es lo que convenció a los griegos de que la Tierra era redonda—. Y en los totales la Luna no desaparece: se pone roja, porque la única luz que le llega es la que se ha colado por todos los amaneceres y atardeceres de la Tierra a la vez.

Posiciones con astronomy-engine, en coordenadas geocéntricas. Los radios de la umbra y la penumbra a la distancia de la Luna salen de las fórmulas clásicas (Chauvenet, recogidas por Meeus en el cap. 54), con las dos correcciones de rigor: el 1,02 por la atmósfera, que agranda la sombra alrededor de un 2 %, y el 0,99834 por el achatamiento de la Tierra. Lo que se da como porcentaje es la fracción del área del disco lunar dentro de la sombra, no la del diámetro. Las dos franjas se dibujan con su anchura media: la sombra se ensancha y se encoge un 4 % según lo lejos que esté la Luna, pero el color de cada luna sale del cálculo exacto de ese día.