La excentricidad orbital

La órbita terrestre no es un círculo perfecto, y eso basta para que el sol se adelante o se atrase respecto al tiempo medio.

El porqué

Un grado de más cada día

Además de trasladarse alrededor del sol, la Tierra gira sobre su propio eje. El tiempo que tarda en completar una vuelta entera, tomando como referencia las estrellas lejanas —no el sol— se llama día sidéreo, y dura exactamente 23 horas, 56 minutos y 4 segundos. Es una medida puramente rotacional: constante, ajena a la órbita.

Pero mientras gira, la Tierra también avanza por su órbita. En esas mismas 23h 56m 4s se ha desplazado aproximadamente 1° a lo largo de su camino alrededor del sol. Ese avance hace que, al completar la vuelta sidérea, el sol ya no esté exactamente en la misma posición del cielo que el día anterior: se ha quedado «atrás», y la Tierra tiene que girar ese grado de más para que el sol vuelva a cruzar tu meridiano. Girar un grado extra, a la velocidad de rotación terrestre, lleva unos 3 minutos y 56 segundos — y esa es, precisamente, la diferencia entre el día sidéreo (23h 56m 4s) y el día solar medio de 24 horas exactas.

Ese grado de sobregiro no es idéntico todos los días del año. Por la segunda ley de Kepler, la Tierra avanza más deprisa por su órbita cuando está cerca del sol y más despacio cuando está lejos — así que el ángulo que hay que recuperar cada día, y el tiempo que cuesta recuperarlo, varía a lo largo del año al mismo ritmo que la excentricidad orbital. Ese es, exactamente, el origen físico del efecto que se explica en el resto de esta página.

A comienzos de enero, cerca del perihelio, la Tierra recorre unos 1,02° de su órbita cada día, y el sobregiro necesario dura unos 4 minutos y 4 segundos. A comienzos de julio, cerca del afelio, recorre solo unos 0,95°, y el sobregiro se queda en unos 3 minutos y 48 segundos. Son apenas 16 segundos de diferencia entre un extremo y otro — pero, acumulados día a día a lo largo de meses, son los que terminan desplazando el mediodía solar los más de 7 minutos que se ven en la gráfica de más abajo.

≈ 1° de traslación orbital Sol Día 1 Día 2 sobregiro
El ángulo está muy exagerado para que se aprecie —en la realidad es de aproximadamente 1°—, pero las distancias sí son coherentes: el Día 1 y el Día 2 están a la misma distancia del Sol (la órbita apenas cambia de radio en 24 horas), así que la flecha azul (Día 1 → Sol) y la flecha naranja (Día 2 → Sol) miden exactamente lo mismo. La flecha discontinua es la orientación de la Tierra tras un día sidéreo exacto (la misma que tenía el Día 1); la naranja es la dirección real hacia el sol ese mismo instante. El hueco entre ambas —el «sobregiro»— es lo que le falta por girar a la Tierra para que el sol vuelva a cruzar el meridiano.

La causa

Una elipse con el sol en un foco

La órbita de la Tierra no es un círculo perfecto, sino una elipse muy suave, con una excentricidad de apenas 0,0167. Según la segunda ley de Kepler, la Tierra se mueve más deprisa cuando está más cerca del sol —el perihelio, a comienzos de enero— y más despacio cuando está más lejos —el afelio, a comienzos de julio—.

Como el sol avanza a velocidad angular constante solo en el promedio anual, esa variación real de velocidad orbital hace que el sol se adelante o se atrase respecto al tiempo medio, en un ciclo que se repite una vez al año, alineado con el perihelio y el afelio.

La órbita, con el sol en un foco (no en el centro), dibujada siempre a escala real —sin exagerar—. Por eso, con el valor real de la Tierra, el perihelio y el afelio apenas se distinguen: la diferencia de distancia es de solo un 3%. Sube el control para ver órbitas más excéntricas, como la de Mercurio.
0 Tierra · 0,017 Marte · 0,093 Mercurio · 0,206

El efecto

El sol se adelanta o se atrasa, nunca sube ni baja

Aislado de la inclinación del eje —es decir, suponiendo un eje sin inclinar—, este factor desplaza el mediodía solar hasta unos 7 minutos y 39 segundos por delante o por detrás del tiempo medio.

Con la inclinación del eje en cero, el sol nunca se aparta del ecuador celeste: su declinación es siempre 0°, así que a lo largo del año se ve exactamente a la misma altura del cielo, sin desviarse hacia el norte ni hacia el sur. Lo único que cambia, por la excentricidad, es el instante en que cruza tu meridiano cada día: unas veces un poco antes del mediodía medio, otras un poco después. Por eso, si se fotografiara el sol siempre a la misma hora de reloj durante un año entero y la única causa en juego fuera la excentricidad, todos los puntos caerían sobre una misma línea horizontal: el sol se desplazaría adelante y atrás en el tiempo, pero nunca arriba ni abajo en el cielo.

Desplazamiento del mediodía solar causado solo por la excentricidad orbital, mes a mes — cambia la onda con el control de abajo. Con excentricidades altas (a partir de Mercurio, aproximadamente) la onda deja de ser una simple sinusoide simétrica y se deforma cerca del afelio: es un efecto real, no un error de la gráfica — a esas excentricidades ya influye un segundo término, de doble frecuencia, que a la excentricidad de la Tierra es insignificante pero que crece con el cuadrado de la excentricidad.
0 Tierra · 0,017 Marte · 0,093 Mercurio · 0,206

Un análema es la curva que se obtiene fotografiando el sol muchas veces a lo largo de un año, siempre desde el mismo sitio y siempre a la misma hora oficial del reloj —por ejemplo, cada día a mediodía en punto—. Si se superponen todas esas fotos en una sola imagen, el sol no aparece siempre en el mismo punto del cielo: dibuja una curva, porque el mediodía solar real no coincide siempre con las doce del reloj. Esa curva es el análema, y su forma es, precisamente, un retrato visual de la ecuación del tiempo.

0 Tierra · 0,017 Marte · 0,093 Mercurio · 0,206

Aislada así, la excentricidad no dibuja ningún ocho, sino una línea recta que se alarga cuanto mayor es la excentricidad. El ocho solo aparece al combinar este efecto con un eje inclinado —eso se ve en la página de los dos efectos combinados.

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